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La cara oscura del emprendedor

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Rousseau “El hombre es naturalmente bueno, es la sociedad que lo corrompe”
Rousseau “El hombre es naturalmente bueno, es la sociedad que lo corrompe”

Pablo y Felipe se conocieron cuando tenían tres años de edad. Hicieron una conexión muy especial desde el primer momento en que sus miradas se cruzaron- ese momento fue el primer día de jardín; cuando sus padres los dejaron en el salón de clases y cada uno en un rincón lloraba sin cesar. Pablo era muy mimado e introvertido. Felipe por el contrario era muy extrovertido, le encantaba hacer muchísimas travesuras.

El par de amigos crecieron y se volvieron muy unidos en el camino de la vida, estudiaron en las mismas escuelas e incluso en la misma universidad, a pesar que tomaron dos carreras totalmente diferentes. Pablo decidió ser chef y Felipe se convirtió en profesional de negocios. A ambos les apasionaba muchísimo la comida, pasaban horas y horas creando recetas extravagantes para sus familiares.

El inicio de dos emprendedores…

Pablo el chef, decidió montar un exclusivo restaurante para un público objetivo de estratos 5 y 6, quienes tenían un alto poder adquisitivo. Los ricos comen por socializar, cerrar negocios y aparentar, se decía así mismo. Fiel a ese pensamiento, Pablo aperturó un restaurante exclusivo para que tuviera como propósito el cierre de grandes transacciones y negocios de la ciudad.

Por su parte, Felipe, el profesional de negocios, trabajó una temporada en una cadena de restaurantes de comidas rápidas, aprendiendo muchísimo cómo se administraba y se hacía crecer un negocio de tal envergadura. Al año, decidió renunciar. Sus familiares y su amigo Pablo, se asombraron por tal decisión. Puesto que dejó atrás la comodidad de un traje y un suelo fijo por nada. Claro, eso era lo que pensaban ellos.

Sin embargo, a los pocos días que Felipe había renunciado a su primer trabajo, inició con un puesto de comidas rápidas fuera de la casa de sus padres. Todas las personas que lo conocían no podían creerlo.

El proceso de los emprendedores

Pablo el Chef, se encontró con muchísimos baches en el camino, uno tras otro. Y al año, su negocio se encontraba en cuidados intensivos. El restaurante solo generaba dinero para pagar los costos fijos, pero él invertía muchísimo esfuerzo, dedicación y compromiso con su restaurante para nada, eso pensaba él.

El muchacho respetuoso y tranquilo se transformó en todo lo opuesto. Absolutamente todo le molestaba, hasta el aire que respiraba. Pablo dejó que las circunstancias lo contaminarán negativamente que perdió su humanidad cuando notó el éxito de su mejor amigo de la vida, Felipe.

Felipe, en menos de un año, ya contaba con 3 sucursales de comida rápida en la ciudad. Incluyendo una receta de hot dogs extravagante (de hecho, esta receta la creó con su amigo Pablo cuando eran adolescentes), su comida se convirtió en un hit. Incluso, sin ser chef, recibió una estrella Michelin, una distinción muy esperada por un chef.

Esta situación deshumanizó a Pablo, convirtiéndolo en una persona negativa, envidiosa y con sed de venganza. En su mente, el hecho de que su amigo sin estudiar para chef tuviera el éxito que él había soñado no lo dejaba dormir; sumado al hecho de que era su propia receta la que le había dado tantos logros le carcomía el alma cada día. Era una bomba de tiempo que pronto iba a explotar.

Lo inimaginable de un emprendedor

Maquiavelo “El hombre es malo por naturaleza, a menos que precisen a ser bueno”
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Pablo el chef inició una campaña nefasta contra su amigo Felipe. Siempre que podía hablaba mal de los ingredientes, del personal y de las instalaciones de los restaurantes de su mejor amigo. A los seis meses esta difamación le causó a Felipe, perder muchísimos clientes y, por ende, regresó a las afueras de la casa de sus padres. Sumiéndolo en una fuerte depresión y casi al borde de la locura.

Cuando Pablo vio a Felipe en las condiciones que había terminado, sintió como un frío lo invadió desde el dedo más pequeño de su pie hasta su cabello; adicional, unos fuertes cólicos que le removieron algo en su interior, dejándolo con un sentimiento de vacio total.

La necesidad de un nuevo renacimiento

Pablo abrió nuevamente la puerta a su humanidad. Sintió muchísimo remordimiento por lo que había ocasionado, así que decidió remediarlo. Buscó la voz de su conciencia en las palabras de su sabio padre y le contó toda la verdad. Este escuchó con mucha tristeza todo lo que su hijo hizo para acabar con el éxito de su mejor amigo.

El padre de Pablo le dijo: “hijo, ya que te arrepientes de verdad, te voy a dar el siguiente consejo: toma un saco de plumas y déjalos caer haciendo un camino de plumas desde esta casa hasta tu negocio”.

Así que Pablo, sin chistar, sin preguntar el para qué, hizo caso a los mandatos de su padre y realizó la tarea. Pero aún, seguía sintiendo ese vacío profundo.

Regresó a la casa de su padre unas horas después y le dijo, padre ya lo hice, pero me sigo sintiendo igual de mal. Esta bien, contestó el padre de Pablo. Recoge todas las plumas que regaste en el camino y vuelve a incorporarlos en el saco.

Incrédulo y nuevamente sin chistar, Pablo, emprendió su tarea. Pero como ya se sabía, no pudo encontrar una sola pluma.

Al otro día, regresó a la casa de su padre y le dijo, padre para qué me enviaste a hacer esta tarea si sabías que no podría recuperar ni una sola pluma. ¡Exacto hijo!  aprendiste la lección más grande de tu vida. Por dejarte llevar de sentimientos negativos te has hecho muchísimo daño y le has hecho lo mismo a tu mejor amigo, causándole semejante desdicha.

Pablo, al escuchar una a una las palabras de su padre, sintió una sensación de mucha nostalgia y se dirigió a donde su amigo a contarle la verdad.

¿Qué crees que sucedió? ¿Qué harías en la posición de Felipe? ¿Pablo encontró una solución para Felipe?

Hoy en secretos de pros queremos que tengas cuidado cuando tomas decisiones por emoción sin analizarlas y reevaluarlas. Cuando una persona se equivoca lo más valioso es pedir perdón y nunca actuar de la misma manera nuevamente. Sin embargo, el perdón no resarce el daño causado, por esta razón nunca permitas que tu corazón se llene de envidia o peor aún de rencor.